O Carballiño
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O Carballiño

Espazo etnográfico

            A orixe do Carballiño, coma a doutras poboacións, está nunha feira que se comezou a celebrar a mediados do século XVIII, nunha carballeira, que non debía ser moi grande a teor do nome do lugar, pertencente á parroquia de Señorín (na parte que dependía da xurisdición de Partovia, señorío do mosteiro de Oseira). Nesta feira debeu ser onde por primeira vez se empezou a consumir o “polbo á feira”, acompañado do viño do Ribeiro.

            A partir das primeiras décadas do século XIX foise conformando a poboación ata chegar á situación actual: constrúese a igrexa parroquial, a casa consistorial, o balneario e, por último, o templo da Vera Cruz (1943-1957), obra do arquitecto Antonio Palacios.

 

NAS PALABRAS DE ANTONIO FRAGUAS

            Carballino es nombre evocador de tierra harta, cumplida y mimosa; erguida entre pinares, ampuloso parque natural que le proporciona hidalga solera en la campiña, se presenta con ese alarde de mocedad que enraizada en la savia del Arenteiro tiene fortaleza y dulzura y predispone al dinamismo emprendedor que llevan todos los vecinos de la villa sin muestra de fatiga.

            Todas las villas tienen sus horas predilectas descubiertas por la luz en los cambios estacionales y en los distintos momentos del día. A Carballino lo envuelve una luz brillante y con sus proyecciones diferentes realzan los tonos de color sobre las finas siluetas de las fachadas, el encanto de las calles y el marco más o menos lejano de los horizontes.

            (“Motivos del Carballino”, Vida Gallega, 716, Lugo, novembro de 1956).

Olvidaron los carballineses un detalle de la arquitectura del pueblo: el soportal. Algunas de las antiguas casas de la villa conservan el soportal adintelado, en muchos casos el lugar de reunión donde se realizaban una buena parte de las operaciones comerciales. Acaso la más típica sea la que está frente a la iglesia, al lado del crucero. En aquel banco de piedra conversaron muchas generaciones de amigos, hablaron allí, en espera de la misa, los canteros de mi tierra, los cotobadeses que dan en todo momento ese tono monumental a las fachadas labradas con artístico estilo. En ese recanto sencillo renovaron los artistas sus jornales y esperaron al santo D. Evaristo para dar realidad al templo de la Vera Cruz, la Catedral de Carballiño.

(“El señorial Carballino”, La Noche, Santiago de Compostela, 12 de setembro de 1964).